Sí, yo también fui niña durante le época de la guerra interna en Guatemala. Aún cuando en casa deseaban tenernos dentro de una burbuja o un escaparate para que no nos afectara y que viviendo en la capital del país las noticias que llegaban no eran tan cruentas como la realidad que se vivía en el interior, de algo nos enterábamos.
Recuerdo con total claridad los susurros entre los adultos comentando la desaparición de fulanito o zutanito; pero mi encuentro con la realidad, con el dolor y con la guerra fue la desaparición de tío Beto.
Aquel hombre que era mi ídolo, mi ejemplo de persona buena, de rectitud y de amor, fue llevado por la fuerza por el ejército sin un qué ni para qué aparente a mi raciocinio de niña de 10 años.
Era un hombre sereno, con una risa contagiosa con un humor envidiable pero sobre todo con unas bases morales únicas. Lo recuerdo en mi vida desde que tengo memoria; creo que era un poco su consentida y me veo de su mano haciendo mil y una travesuras sin que él en ningún momento me dijera que no lo hiciera.
Me encantaba pasar los fines de semana en su casa y claro que él viniese a mi casa con mis "primos/tíos" porque se volvían fines de semana eternos, por la algarabía y su permisividad.
Esto duró hasta que yo tendría, ¿qué? once o doce años cuando un balde de agua fría una mañana nos despertó, la noticia era un cotilleo entre adultos; algo que los niños no deberíamos escuchar y que nos llegaba como algo prohibido... Tío Beto ¿qué había pasado con él? ¡Alguien lo había secuestrado!, se lo habían llevado de su casa para "hacerle unas preguntas". Un carro del ejército había llegado temprano a su casa y cortésmente le habían "invitado" a acompañarlos. FRENTE A SU MUJER Y SUS HIJOS se lo llevaron. "No se preocupen" fueron las palabras del comandante de la misión, en un rato lo tendrán de vuelta.
Han pasado 35 años y lo recuerdo como que hubiese sido ayer. Nunca más apareció, nunca más supimos de él. Se pusieron las denuncias pertinentes en la Policía Nacional y nada. SILENCIO, SILENCIO TOTAL NOS HA ACOMPAÑADO HASTA EL DÍA DE HOY. No hubo cadáver dejado en la cuneta de una carretera, no hubo solicitud de rescate, nada de nada, hasta el día de hoy no hay una tumba en donde dejarle flores para su cumpleaños, para el día del padre o donde visitarlo ese día que necesitemos de su consejo.
Nunca más escuché la risa y los chistes del tío Beto, no se hablaba de él en casa; era como un fantasma que vivía entre nosotros pero al cual no nos atrevíamos a nombrar.
Su pecado, su error, su falta...el haber educado hijos, sobrinos con mentalidad progresista ese fue su error. Ser un hombre que amaba la justicia y que murió en manos de la injusticia.
Honor y homenaje a todos los TIOS BETOS de Guatemala.
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